Recordaba aquel catorce de algún año pasado, el cual la mezcla de la universidad y la primera mujer que me amo, me deseo, y no tuvo ningún tipo de maldad en su pensar –pues yo fui el malo de la película-. Aquel día del cual nos encontramos frente a la puerta Nº 3 de la UNI, se encontraba bella con su cabellera desplegada y con su altura promedio –nada reprochable-, nada mustia y feliz porque nos encontrábamos después de dos meses. Encandilados caminamos por la Avenida hasta llegar a Independencia, donde siendo ya cerca de las 10:00 pm me dispuse a preguntarle si podríamos descansar juntos, el cual no llegue a nombrarlo, si no le dije Hotel, ahí es donde la seguidilla se empezó a formar, con treinta hoteles visitados y sin encontrarse alguna habitación vacía. Al fin llegando a SJL por donde quedaba mi cuarto pequeño y muy torturadamente de estudiante -no pretendía ingresarla a ese cuchitril-, le dispuse una ultima vuelta por aquel vagabundo hotel de la Calle Jardines y en el cual por fin encontramos una habitación a veinte maracas, de las cuales aproveche muy al máximo, así comenzamos la faena con gemidos y relinchos de moradores ebrios, contando las parejas que estaban dentro de la habitación por los reflejantes espejos de paredes y techos. Deleitándome por la sinuosidad de cada y una pose, ficticia talvez hasta ese momento, empecé a reencontrarme con el sexo y placer -puesto que no la veía hace tiempo-, mordiscos profundos, arañones entrecortados y lengüetazos a flor de piel, hasta nuestro amanecer.
A pesar de no haberle brindado un Hotel de una calidad como para agasajar su gesto de viaje por visitarme en tal fecha, creo que nos amamos ese día, tanto que talvez aquel día fue el último día en que me encontré con ella de la manera en que se debía.
Mientras que los tres últimos catorce pasados, me encontraba en una posición de economía buena, donde a mi beata la llevaba a cada Hotel, donde no bajaba de veinticinco dólares la noche, acompañados de algún tinto y cigarros a mi placer, previa salida de comensal en algún Restaurante de cruzados tenedores por el centro de Huancayo, y continuando con la bailanta respectiva flanqueados de cerveza y vino. Proseguíamos al respectivo Hotel -separado previamente para no cometer errores-, nos endulzábamos en enfáticas peleas por estar ebrios y celosos de nuestros problemas que acarreábamos, dándonos un sexo violento y presionado, con perdones y soluciones de momento -pensando que talvez, callando se podría olvidar los problemas-. Pensar que este ultimo catorce nos encontramos en su casa hicimos el amor antes de salir, en aquel cuarto tan bellamente decorado con lo que alguna vez construimos para aquella tienda de arte, nos tuvimos tanto respeto ese día que solo nos deseábamos, talvez pensando que ese seria el ultimo que estaríamos juntos, puesto que dos días después explotamos porque el tipejo apareció nuevamente y sacudió su entender, y ella se desvaneció nuevamente. Y yo nuevamente me entregue al desperdicio de vida en el que aun me encuentro.
Sin hacer comparaciones, tampoco tratando de poner dos espacios diferentes, la persona que salio de mi vida –mejor dicho que yo la saque, también la engañe, para estar con mi beata Sofia- y que ahora es señora con una hija preciosa. Laura de la cual estuve enamorado como tres años, cuando yo era un personaje demasiado a la deriva, con alcohol y noches de sexo con diferentes mujeres. Ella me creía en lo que le decía, y creía en mi persona ciegamente. Pero los resultados siempre son adversos a los que deseamos.
Nunca pensé que llegar a tener un poco más complicaría mi vida tanto que en este momento me encuentre sin nadie y absolutamente nada ahora.
2 comentarios:
Quiza ella te tenga en su pensar, porque con palabras tan hermozas es posible olvidar.
Palabras tan bellas, que ya se me están olvidando...
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