sábado, noviembre 07, 2009

Café cargado

Tomando café en Miraflores -por última vez hace como 5 años-, pude observar la soledad con Chomsky y el placer del cargado cacao. Alguna vez también recuerdo al circulo literario compartiendo letras, palabras y cortando crónicas.

Recuerdo también que en la misma Avenida Larco me encontré con un amigo que le había solicitado que me facilitara unos billetes puesto que estaba con aquel personaje, con la cual iniciaba una relación a ciegas.

También recuerdo una pelea con mi madre, en la cual saque mis cosas y me fui, no supe mas que correr hacia ella y me brindo un café de cebada y yo al costado de un bolsón sin recuerdos, que su perro lo marco como su territorio.

Aquel olor a cacao que añorábamos en La Merced al pasar por alguna calle, llena de barro y huecos tractorados, con aquellos pasos que me di un gran día desde San Ramón y que al final se convirtió en una velada al costado de su plaza mayor.

Y aquel ultimo café negro que tomé, un día llegando a mi cuarto, después de haber entrado a su casa intempestivamente, por una pared empinada, donde los golpes de un madero hermano, sólo rebrotaron el cariño a mi dignidad.

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