A pesar de no comprometer mis sentimientos en este tiempo, presumo que mi nostalgia personal se esconde en el cansancio laboral; y muy a menudo increpo a mis cantinfladas –filosofadas minúsculamente- y encuentro que lo mas cognitivo sobre la mujer es una simple ironía juvenal.
En esta sociedad tan fúnebre, descorcho lo que talvez es el conformismo, lo cual es dable y que se origine por placeres lúbricos, que casi siempre son accedidas e iniciadas por infantas féminas las que llegan a comprometerse con seres ladinos, y a su vez son cómplices del deshonor e incuria.
Y más aun cuando uno recorre las vías a muy maltratadas horas y se encuentra con doncellas adentradas en -no exactamente carruajes- vehículos destartalados, que a su vez se emperifollan con besos húmedos y retorcieres eróticos en aquellas crucetas de metal plastificado.
A mayor excitación única, solo queda estar perplejo o tragar los salivares para poder contener la envidia y el antojo de tales cuerpecillos pulcros-quebrantables –esto suena desequilibrado-, que uno no puede ni dormir y solo estira un cigarrillo mas, para contener el tiempo y suspirar nuevamente.
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