Un día mas y me asombro de la capacidad de cambiar tantos colores. De talvez apaciguar los más contrastados para convertirlos en suaves y tenues a la vista.
Si pudiera ser tan fácil, de hacerlo también en este pantone sinfín que es la del universo. Tampoco puedo acercarme a dar una pequeña ventana y ver los minúsculos degrades, para siquiera diferenciar que color es cual.
Tantos colores, tantos ánimos y tantos estilos. Pienso talvez si estos recreos a los que salgo cada segundo, para redibujar con ese negro azabache mi inerte vida, podría llegar a deslizarse en el ilustrado de este cielo, tan limpio y puro.
Hoy ese gris me continúa arrastrando, a la fría sombra de mi conciencia. Y a pesar de que no anochece, el repudio de las hojas retumban las ventanas.
El tabaco dentado irradia la bazofia de existencia que acostumbro llevar, estas calles sórdidas enclaustran mi salida por llegar a ella. Estas cortinas de gaseosas las impiden, pero no determinan que la descripción de colores pueden comenzar sin tenerla en frente.
Para lo cual estos matices emigran de estos surcos visuales, para encontrarse en el vacío de los recuerdos y empezar a decriptar tales imágenes animadas. Donde ahí empiezo a desmerecer los sentidos y entender la más divina proyección.
Al fin que imaginar, la mujer mía empieza a surgir donde le pido un poco mas de esfuerzo a ese caramelo, para que no se disuelva y pierda el tono que combina con sus ojos, un poco de rubor rosa que acompaña sus salientes pómulos contorneando esa sonrisa colosal.
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